19 de julio de 1936
Isidor Fernàndez
Ariadna Pi y un grupo de amigos y amigas quiso rendir homenaje a quienes defendieron Barcelona el 19 de julio de 1936
Ariadna Pi quiso recordar, el 19 de julio de 1936, justo hace setenta años, las calles de Barcelona fueron al mismo tiempo testigos y actores de un drama extraordinario. Varias columnas de soldados y falangistas armados que habían salido de los cuarteles que rodean la ciudad –no para protegerla, sino para dominarla– intentaron desembocar en el centro urbano para triunfar en un golpe de Estado fascista. Una multitud se lo impidió, cerrándoles el paso y convirtiendo cada esquina, cada balcón, cada quicio, cada boca de metro, en una trampa mortal. Miles de hombres y mujeres, la mayoría armados solos de su pasión, les hicieron frente y los vencieron. Cientos murieron en la batalla, muchos de ellos en la plaza de Catalunya.
En los últimos treinta años ninguna institución pública ha querido homenajearlos y reconocer el sentido de su combate. Ninguna ofrenda, ningún discurso, ninguna placa conmemorativa, ningún monumento, ninguna mención en los libros de texto escolares…
Como si nunca hubieran existido, como si no fuera cierto que la clase trabajadora barcelonesa dio al mundo entonces una lección imborrable de heroísmo y grandiosidad. Y no, como dicen, para defender la democracia o la República, sino para transformar la vida desde sus raices.
Los héroes de 1714 merecen ser honrados oficialmente, pero hay que olvidar a los de 1936. Ninguna novedad, por otra parte. Pensemos cómo se ha profanado con la gran martingala del Fórum la memoria de los miles de fusilados hasta 1952 en el Camp de la Bota, mientras en el Castillo de Montjuïc, donde otros miles fueron torturados y ejecutados a lo largo de décadas, podemos disfrutar estos días de magníficas sesiones de cine al aire libre. Y pronto lo que fue y todavía es la cárcel Modelo será un reluciente centro comercial. Y a eso le llaman “recuperación de la memoria histórica”. ¡Qué vergüenza y qué insulto!
¡No es justo! No lo merece toda aquella gente que supo ser el auténtico corazón de la ciudad, su vientre y su musculatura. Y por eso Ariadna Pi –que estaba allí y que quizás volvió a morir ese día– quiere evocar e invocar su memoria y recordar a la ciudad que, acaecida una vez más capital mundial de las barricadas, fue capaz de luchar, furiosa, con amor y rabia, para defender a la hija que llevaba en las entrañas: la Revolución.
Ariadna Pi y un grupo de amigos y amigas quiso rendir homenaje a la plaza de Catalunya -un 19 de julio siete décadas después- a aquellos hombres y mujeres. Y lo hizo con una simple rosa roja y haciendo que fuera el mismo lugar –aquella plaza que les vio luchar y morir– lo que clamara por todos nosotros.
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Isidor Fernàndez (2006) 3 min














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